Si pensás en Nueva York, seguro te vienen a la cabeza rascacielos, taxis amarillos, y pantallas gigantes, pero la Gran Manzana es mucho más que eso. En este artículo viajero recorremos los lugares más icónicos que hay para ver en Midtown Manhattan, como Times Square y el Rockefeller Center, pero también aquellos rincones menos conocidos que vale la pena explorar.
Si es tu primera vez en Nueva York, esta guía de viaje te va a ayudar a armar tu itinerario, y si ya estuviste, seguro encontrás nuevas ideas para tu próxima visita.
Si es tu primer viaje, puede ser un poco confuso entender cómo se divide Nueva York, al menos es lo que me pasó a mí, así que antes de empezar con el recorrido, te hago un resumen rápido para que te puedas ubicar mejor.
Nueva York está formada por cinco distritos (borough): Manhattan, Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island. Y dentro de Manhattan, hay zonas como Lower Manhattan, Midtown Manhattan y Upper Manhattan.
En este artículo te muestro qué ver en Midtown Manhattan, que es básicamente la parte central de la isla.
Y, algo importante, es que también hay un free tour en español por Midtown Manhattan, así que si querés recorrer los lugares más importantes en compañía de un guía que te vaya contando la historia y secretos de esta parte de Nueva York, hacé tu reserva con tiempo.
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También te dejo este video sobre qué ver en Midtown Manhattan donde muestro muchos de los lugares que menciono en el artículo.
Empezamos este recorrido en un lugar que no suele estar incluido en las listas de qué ver en Midtown Manhattan: el Tudor City Bridge (quizás por eso me gusta tanto). Las veces que pasé por acá había poca gente, así que entre lo tranquilo que es y las vistas que tiene, se convirtió en uno de mis puntos favoritos del Midtown Manhattan.
Desde este puente se ve una de las postales clásicas de Nueva York, con la calle 42 enmarcada por rascacielos y el edificio Chrysler de fondo.
Este puente conecta la zona residencial de Tudor City, que tiene un aire bastante distinto al resto de Manhattan, con el ajetreo urbano de la calle 42. Así que en un solo lugar, tenés un contraste que resume muy bien lo que es Nueva York.
Y si mirás hacia el otro lado del puente, en dirección al río, vas a ver el edificio de las Naciones Unidas y el East River, una vista más abierta y diferente a la anterior.
Y un detalle tierno es que por esta zona vimos ardillitas, así que si prestás atención, capaz te cruzás con alguna.
Cuando pensamos en qué ver en Midtown Manhattan, el Chrysler Building aparece como uno de los grandes protagonistas Este edificio art déco se construyó entre 1929 y 1930, en plena competencia por ver quién tenía el rascacielos más alto del mundo. Con una altura de 318.9 metros se proclamó como el edificio más alto del mundo. Aunque ese título le duró poco, solo once meses, porque en 1931 lo superó el Empire State.
Pero más allá de los récords, lo que lo hace especial es el diseño: esos arcos plateados, las águilas metálicas que salen de las esquinas y cómo brilla cuando le da el sol.
No se puede subir, como sí pasa con otros rascacielos, pero si te da curiosidad, se puede entrar al lobby (gratis), que fue lo que hice. La zona que se puede recorrer es muy chiquita, pero el interior mantiene ese estilo art déco, con detalles en mármol, madera, y un mural enorme en el techo, que en su momento fue uno de los más grandes del mundo.
Y por si te suena de algo… sí, el Chrysler Building aparece en un montón de películas y series, desde Godzilla y el Hombre araña, hasta Sex and the city.
A unas cuadras del Chrysler, llegamos a uno de los lugares más emblemáticos de Nueva York: la Grand Central Terminal. Aunque oficialmente es una estación de trenes, en realidad es mucho más que eso.
Se inauguró en 1913 y es un ícono del estilo Beaux-Arts, con su fachada simétrica, columnas clásicas y esculturas decorativas.
Desde afuera ya llama la atención, pero cuando entrás, el hall principal impacta: por su tamaño, su decoración y los detalles. El techo celeste, con los signos del zodíaco, tiene 12 constelaciones decoradas en oro y unas 2.500 estrellas, de las cuales 59 están iluminadas con luces LED.
También están sus relojes antiguos, lámparas y una curiosidad es que el reloj que está encima del mostrador de información, está valuado en más de 20 millones de dólares.
Además del hall, hay varios pisos y pasillos laterales, y si bajás, vas a encontrar un área de comidas. Un detalle práctico: hay baños en esta zona, así que si venís caminando desde hace rato, es un buen lugar para hacer una pausa.
Es tan grande y hay tantos detalles que incluso hay un tour guiado en español por Grand Central Terminal.
Y si te gustan las películas, seguro viste este lugar en más de una. Grand Central apareció en Los Vengadores, Madagascar, Hombres de Negro, por nombrar algunas. De hecho, si las películas son lo tuyo, hay un tour de cine por escenarios de series y películas en Nueva York.
La Quinta Avenida, o Fifth Avenue, es una de las calles más famosas de Nueva York —y probablemente del mundo—. Esta avenida combina de todo: lujo, historia, arquitectura, tiendas icónicas y multitudes.
Reconozco que me desilusionó un poco, después de haber escuchado su nombre tantas veces… Quizás tenía más expectativa, y personalmente no me encantó.
Pero más allá de mis gustos, es un imprescindible que ver en Midtown Manhattan, así que vale la pena caminarla y vivir la experiencia; sobre todo si es tu primera vez en Nueva York, te recomiendo que la recorras y saques tus propias conclusiones. ¡Quizás a vos te encanta!
Muy cerquita del Rockefeller Center y en plena Quinta Avenida, aparece algo que no esperás encontrar en medio de tanto edificio moderno.
La Catedral de San Patricio es la catedral católica de estilo gótico más grande de Estados Unidos, y destaca por su fachada blanca y sus agujas afiladas. Se empezó a construir en 1858 y se inauguró en 1879. Desde entonces fue restaurada varias veces, pero conservando su estilo original.
Además de su valor histórico, es un punto clave en muchas celebraciones religiosas de la ciudad.
Es gratis, así que te recomiendo entrar, aunque sea un ratito. Es curioso pasar de una de las avenidas más transitadas del mundo a un espacio tan tranquilo. Un buen lugar para hacer una pausa, incluso si no sos creyente.
Si te interesa el arte, el MoMa es un imprescindible. Pero incluso si sos como yo y de arte sabés un poco, pero te gusta aprovechar estos museos para aprender, también te va a encantar.
Nosotros compramos la entrada para el MoMa a través de Civitatis. Primero, porque aprovechamos para hacer todas las reservas desde la misma plataforma; y, segundo, porque esta entrada tiene la ventaja de que podés evitar las colas (algo que siempre se agradece).
Vas a encontrar obras de Van Gogh, Picasso, Dalí, Warhol, y una colección que va desde pintura y escultura hasta fotografía y cine. Algunas salas son más tranquilas, y otras están siempre llenas de gente, como la de La noche estrellada de Van Gogh.
Esta obra es la que más me atraía. Sobre todo porque después de haber visitado el Museo Van Gogh en Ámsterdam, donde vi muchas de sus obras y conocí más de su historia, tenía muchas ganas de conocer La noche estrellada.
Y si bien es la obra más buscada del museo, no sentí que fuera abrumador. La gente circula, te podés acercar, sacar fotos y disfrutarla con calma.
El museo es grande, y me parece que para aprovechar bien la visita es clave planificar qué querés ver antes de entrar, de lo contrario, es fácil perderse entre tantas salas y salir sin haber visto las obras más importantes.
Después de tanto cemento y edificios, viene bien un poco de verde. Si tenés poco tiempo, te sugiero aunque sea acercarte a conocer la parte sur de Central Park, aunque si querés recorrer los lugares más destacados en pocas horas y conociendo su historia y secretitos, podés hacer un free tour en español.
En la parte sur vas a encontrar con The Pond, un lago rodeado de árboles, puentes y vistas a los rascacielos que bordean el sur del parque.
Y muy cerca está Umpire Rock, una formación rocosa desde donde tenés una vista abierta del parque con los edificios de fondo. Es como un mini mirador natural, y es un punto típico para sacar fotos.
Esta parte del parque es perfecta si no tenés mucho tiempo pero igual querés conocer Central Park, porque podés ver varios paisajes distintos sin tener que caminar kilómetros. Y no estoy exagerando: Central Park mide cerca de 4 kilómetros de largo por 800 metros de ancho. Una superficie total de unas 341 hectáreas 😱.
Vamos a hacer otro paseo al aire libre: a unos 15 minutos caminando desde la parte sur de Central Park, vas a encontrar la parada del teleférico que cruza el East River y conecta Manhattan con Roosevelt Island.
El viaje dura apenas unos 4 minutos, pero te regala vistas increíbles del skyline de Manhattan, del Queensboro Bridge y del río. Es uno de esos planes que no todo el mundo hace, pero para mí es un gran “extra” si tenés un rato libre y querés ver la ciudad desde otro ángulo.
Además, el ticket cuesta lo mismo que un viaje de metro —se paga con la MetroCard o tarjeta contactless—, así que no necesitás entrada especial ni reserva.
Podés ir y volver, o bajarte y recorrer un poco la isla, que es tranquila y tiene espacios verdes, bancos y vistas alucinantes.
Nosotros caminamos hacia la parte sur de la isla y después volvimos a tomar el teleférico, pero si tenés tiempo, incluso podrías recorrerla completa.
La Biblioteca Pública de Nueva York es otro edificio icónico de Manhattan. Se fundó en 1895 y es el mayor sistema de bibliotecas públicas del país. Si bien la biblioteca es más antigua, el edificio principal se inauguró en 1911.
Aunque muchas veces pasa desapercibida desde afuera, cuando entrás te encontrás con escaleras de mármol, techos altísimos, candelabros y salas que parecen sacadas de una película. O mejor dicho, que fueron escenarios de películas (como todo en Nueva York 🤭).
La entrada es gratuita, y si tenés tiempo, podés recorrer algunas de sus salas y exposiciones. Durante nuestra visita, vimos una muestra temporal dedicada a los 100 años de la revista The New Yorker, con tapas, ilustraciones y objetos que recorren su historia editorial.
Y también nos encontramos con los peluches originales que inspiraron a los personajes de Winnie-the-Pooh: los mismos que pertenecieron al hijo del escritor A.A. Milne.
Cuando salimos de la biblioteca ya había oscurecido, pero eso no impidió que diéramos una vuelta por el Bryant Park, que está justo al lado. Aunque era de noche, todavía había bastante movimiento.
También pasé por acá de día, y es un parque muy bonito, es de esos lugares que vale la pena conocer, sea la hora que sea. Hay mesas, bancos por si querés hacer una pausa, baños gratuitos y un ambiente muy relajado para estar en pleno Midtown.
Además, se hacen actividades gratuitas durante todo el año como música al aire libre y eventos literarios. Y, si venís en invierno, vas a encontrar la Winter Village con su mercado navideño y una pista de patinaje gratuita en el centro del parque.
No hay duda de que el Empire State es un imprescindible que ver en Midtown Manhattan, ¡es uno de los edificios más emblemáticos de Nueva York! Este rascacielos de estilo art déco se terminó de construir en 1931 y fue durante décadas el edificio más alto del mundo. Como te conté antes, le quitó ese título al Chrysler Building.
Nosotros no subimos al mirador —elegimos el Top of the Rock—, pero que sepas que también podés subir al Empire State. Si tenés alguna de las tarjetas turísticas como el New York CityPASS o la Go City: New York Explorer Pass, está incluido. Y si no, también podés comprar por separado la entrada para el Empire State.
Pero más allá de si decidís subir o no, podés entrar gratis al lobby del edificio, el cual conserva su diseño original.
Está bueno verlo por dentro, pero para mí, lo más lindo del Empire State es verlo desde lejos, entre los demás edificios. La vista desde el Top of the Rock es ideal para eso.
Seguimos con una de las zonas más famosas —y también más caóticas— de Nueva York: estoy hablando de Times Square.
Antes de convertirse en el ícono luminoso que es hoy, esta zona se llamaba Longacre Square. En 1904, cuando el periódico The New York Times anunció que instalaría su sede en este sector, la plaza cambió de nombre a Times Square.
Con el tiempo se fue transformando en un centro cultural lleno de teatros, salas de espectáculos y luces, aunque también pasó por una etapa complicada, especialmente en los 70s y 80s, era una zona muy insegura. Fue recién en los años 90 cuando la ciudad impulsó una gran renovación que lo volvió a poner en el mapa turístico.
Hoy en día es uno de los lugares más visitados del mundo y un imprescindible que ver en Midtown Manhattan. Es muy turístico, está lleno de gente, pantallas, ruido… Puede que te encante o que no sea tu estilo, pero sin duda, estar acá en persona impacta.
Si estás en Midtown, no podés no pasar por Broadway. Esta zona no solo es famosa por sus carteles brillantes, sino también por ser el epicentro del teatro musical a nivel mundial. Hay decenas de salas, y siempre hay opciones para todos los gustos: desde clásicos como El Rey León, Chicago o El Fantasma de la Ópera, hasta propuestas más nuevas como Hamilton o Hadestown.
Si querés ver un musical sin romper el presupuesto, podés pasar por las boleterías TKTS en Times Square, donde venden entradas con descuento para el mismo día. Eso sí, preparate para hacer fila.
Este parque lineal construido sobre las antiguas vías de un tren elevado es uno de los paseos más originales de Nueva York. Empieza en el barrio de Meatpacking y llega hasta Hudson Yards, lo que lo convierte en una gran forma de conectar zonas muy diferentes mientras caminás entre jardines, arte urbano y arquitectura contemporánea.
En su extremo norte te vas a encontrar con The Vessel, una estructura con forma de colmena gigante que se convirtió en el símbolo de Hudson Yards.
El Flatiron es un ícono, su forma triangular lo hace único, y aunque actualmente no se puede visitar por dentro, vale la pena acercarse para verlo desde afuera y sacar esa clásica foto desde la 5ta Avenida con la 23rd Street.
Justo enfrente está Madison Square Park, otro espacio verde ideal para una pausa.
Y para terminar este recorrido por Midtown Manhattan subimos al Top of the Rock, el mirador del Rockefeller Center.
El edificio en sí es un ícono de la ciudad. Se construyó en los años 30, también con estilo art déco, y forma parte del Rockefeller Center, un complejo de 19 edificios donde hay de todo: oficinas, estudios de televisión, tiendas, restaurantes y más.
Y en la plaza exterior, en invierno, se arma la famosa pista de patinaje y se instala el árbol de Navidad gigante que seguro viste en más de una película.
Hay varios miradores en Nueva York, otros muy famosos son SUMMIT y The Edge, pero nosotros nos decidimos por Top of the Rock. (Si tu presupuesto te permite más de uno, ¡genial!)
Tip útil: cuando comprás la entrada, tenés que elegir un horario específico, y los horarios más cercanos al atardecer son los más caros. Lo que hicimos nosotros fue sacar la entrada para media hora antes del atardecer, así tuvimos la vista de día, vimos el atardecer y también las luces de la ciudad de noche.
Desde el Top of the Rock se ve de frente el Empire State, que fue el edificio más alto del mundo durante 40 años, hasta que en 1971 lo superó la Torre Norte del World Trade Center, una de las Torres Gemelas.
Después del 11 de septiembre de 2001, el Empire volvió a ser el más alto de la ciudad, hasta que en 2012 lo superó el One World Trade Center, el edificio más alto actualmente, y que está en el lugar donde estaban las Torres Gemelas. Esta parte de la ciudad te la muestro en este video:
Acá te dejo un mapa con todos estos puntos de interés marcados para que planifiques mejor qué ver en Midtown Manhattan.
Espero que esta guía sobre qué ver en Midtown Manhattan te sirva para que tengas un viaje increíble a Nueva York 🗽✨.
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